Una puta salvó mi matrimonio - Parte 2

negrita con gafas diosa se muestra por cam desnuda y se toca rico

Una puta salvó mi matrimonio - Parte 2


Si no tenés ganas de leerlo va el resumen. Llevo muchos años de casado y es más fácil resolver el teorema de Fermat, que ponersela a la gorda. En pocas palabras, habiendo hecho la advertencia, subrepticiamente me voy de putas. En eso quedamos en el anterior.

Mayo

Luego del primer contacto con Cami, mis días se complican un poco. Estoy a full de trabajo y cuando quiero volver a combinar con ella, siempre surge un problema: que está con la regla, que tiene otra cita, que se le enfermó el hijo. En fin, parecía que no habría manera de verla esos días.

Un viernes, regresando del trabajo, le mando un texto para encontrarnos. Otro texto más y otro. No me respondió ninguno. Me cayó bastante mal, al final le escribo:

- Tranquila, ni me contestes, ya arreglé en otro lugar. Qué sigan los éxitos.

Ni corto, ni perezoso retomé la búsqueda en el foro gatero. (Gatero es un modismo para el tipo que le gustan las putas). Ah caramba, la suerte sigue con un servidor: esta vez encuentro info de una experiencia, pero con una señora de más de 40. Fotos y más fotos. Una veterana de contratapa de Crónica. Cantos celestiales y mucha, pero mucha actitud. Conseguí el contacto y me dirigí a conocer a tan deliciosa manzanita. Buena experiencia, pero toda una profesional. No es que lo haya pasado mal, pero no fue lo mismo. Me costó manejar la situación y tenía varias mañas: que eso no me gusta, hacelo de esta manera. Una cantidad de instrucciones que me la terminaron bajando. Un turno para sacar la furia y reincidencia cero.

Así se fue el mes, con poca gloria y la incertidumbre de no saber si volvería a encontrar una chica que resultara potable y divertida.

Junio

Llegó el frío, la mejor época para jugar a la pelota y hacer cualquier otro deporte. A mi me gustan todos los deportes grupales. Los martes al mediodía retomé el paddle, los viernes a la noche el fútbol 5 y la inapreciable birra en el tercer tiempo. Un viernes cualquiera de ese mes, decidimos no entrarle al balón e irnos para una parrilla cercana a darle al asado y a la cerveza. Como ordena el Creador.

En tren de gritos, carcajadas alcohólicas y kilos de asado con kilos de sal, estábamos el grupo de piratas. En eso recibo un mensaje:

- Te extrañe mucho...

- (?) Quién sos?

Todos los tarados estábamos con los teléfonos sobre la mesa y más de uno escribía mensajitos y pelotudeces, es decir que pasé totalmente desapercibido.

- Cami, ya me olvidaste?

Puta madre, pensé. Esta trola debe estar necesitada de dinero y me busca ahora. Que pocos códigos, una puta jamás llama a sus clientes. Y más aún si la viste una sola vez.

- No me extrañaste tanto. Cuando traté de verte ni siquiera me contestaste.

- Perdoname, no encontraba quien me cuidara al nene. Ahora puedo verte.

- Ahora estoy de joda y estoy gastando lo último que me queda.

- No te pedí plata. Te había dicho que la próxima corría por cuenta de la casa ;-)

No hizo falta más para convencerme. Ni con un resorte en el tujes me hubiera levantado más rápido de la silla. Puse mi parte para pagar el asado y luego de recibir sonoras puteadas de parte de la barra, salí raudo al encuentro de Afrodita (No la de Mazinger! La otra, la diosa del amor).

En el camino la birra comenzó a hacer su efecto, venía alegre por la autopista, pero de a ratos la panza trataba de comunicarse. A mitad de camino paré en una estación de servicios y traté de desbeber tanta buena Porter a la que le había entrado. Hermosa meada, de esas que te pegas a la pared y cuando terminás exhalas un suspiro largo de alivio. Ya está, puedo seguir más tranquilo.

Me mató a mensajes.

- Que donde me esperaba, que hacía frío, que estaba oscuro...

¿ Está más loca que la bruja? ¿ Donde me estoy metiendo? Pero el pelado manda, yes Sir, y a pesar que me rompía un poco las pelotas, aguanté hasta destino.

La encontré en una parada de colectivo, sube y me estampa un sonoro beso.

- Pensé que no llegabas, tenía miedo, está muy oscuro. Mirá como tengo las manos. Y me estira sus manitos. Heladas.

- Bueno papi, ahora vamos directo al hotel que quiero compensarte. Pero tenés que contarme, ¿ Cómo es eso de la otra vez, cómo te arreglaste?

- Nena, no sos la única chica con quien pasar un buen rato. Por un billete siempre hay amor para recibir. Había aflojado para verla más rápido que elástico de calzón de vieja, pero tampoco es cosa de entregarse y que a uno se lo monten.

Muy bien no le cayó, me hizo trompita y se quedó mirando la ruta por un momento.

- Pero no me contás. ¿ A ver, con quién te fuiste?

Agarré el teléfono y busqué las fotos. Se lo alcancé y las empezó a pasar. No lo podía creer. La otra mina con la que estuve estaba totalmente partible, le había sacado fotos de todo ángulo posible. Y si no hubiera podido hacerlo, siempre está el sinfín de fotos de minas desnudas que te mandan en los grupos. Cami tenía los ojitos como el dos de oro.

- ¿ Lo pasaste mejor que conmigo? Haciendo otro pucherito.

- ¿ Mejor? A esta veterana se la puse. Cosa que con vos no alcancé. Ya es algo más de puntaje. Además, un caballero no tiene memoria.

Explotó en una carcajada. Se mató de la risa. No podía parar. Ahí aflojamos la tensión y los minutos que demoramos en llegar al telo hablamos de la vida y huevadas varias.

Entramos, le doy un beso tratando de ponerle pasión. La verdad que ni a mi me gustó, tenía una baranda - olor - a asado impresionante (yo).

- Esperame un momento, me voy a dar una duchita así no apesto. Pedí mientras tanto un cafecito.

La ducha me despejó un poco más, pero seguía con los ruidos en la barriga. Era como una tempestad que se aproximaba. Nada cómodo para echarse un polvo. ¿ Alguna vez te hicieron un pete y tu panza comenzó a rugir? Es lo peor, pero este polvo era gratuito y tenía que tratar de superar la situación.

Cuando salí había dos tacitas de café esperando. Al costado de la cama, empotrado en la pared hay una especie de estante alto, con dos taburetes de esos altos. De los que se ponen en la barra de los bares. Envuelto en el toallón la ví sentadita dándome la espalda, se había cambiado la guacha. Tenía puesto un camisón de esos cortitos y transparentes. Con alegría veo como asoman esos dos cachetotes.

- Estas preciosa, gracias por el regalo. No pensé que venía con lencería la envoltura. Y le dí un piquito.

- Es para que tengas una vista para disfrutar.

Me arrodillé y juntando las manos le digo

- Gracias por los alimentos que vamos a recibir. Entorno los ojos y sonrió aceptando la huevada.

Me tomé el café de un sorbo. La dejé terminar el suyo mientras le acariciaba el cuello y la cola. Me voy a comer ese culo sentado en el taburete, pensaba. Es lo más erótico que haya visto. Pero vamos a la previa y a calentar a esta belleza. La guié hacia la pared y le hice apoyar las manos, en lo que le besaba el cuello y la nuca, iba jugando con sus pezones haciéndolos endurecer. No quise sacarle la ropita, me calentaba más tenerla medio en bolas. No es que tuviera mucho tampoco. Con total libertad le comía las orejitas y le frotaba el pene en el culito. Comenzó a gemir de inmediato.

Con la mano libre le corrí la tanga y jugué con su clítoris. Empapada. Esta piba es un tesoro pensé. En todo hotel que se precie hay un sillón de cojer. Este no era la excepción. Tiene uno de los laterales que es alto, hace una curva en la parte central y es más bajo hacia la parte final. La apoyé en la parte más alta, boca abajo y con las piernas aún apoyadas en el suelo. Se viene la paleteadaaaaaaaa.

Y se vino la hecatombe, la debacle total. Culo, concha, culo, concha. Majestuoso. Le agarraba fuerte las nalgas, las abría, pasaba la lengua y le dilataba el agujerito. Otra que colita de cuadril mechada, además se notaba que ese ojete era guerrero, se abría para recibir mi lengua y en cuanto la sacaba entraba un dedo. Ella ya no gime, aulla, no te imaginás de que manera. La verdad es que me saca bastante de concentración, pero a la vez me halaga que casi grite. Estoy medio en cuclillas y las patitas me empiezan a temblar, transpiro como un perro. Encima la calefacción está a cinco mil grados. Siento que me van a fallar las fuerzas y justo la hago acabar.

Me siento en la cama y apoyo las manos hacia atrás. Tratando de conseguir aire. Ella aún está acabando en la misma posición en que la dejé. Siento unas explosiones de aire que salen de su vagina. Vos y yo sabemos como lo llamamos, no lo digo porque esto también lo leen mujeres. Tampoco hace falta ser tan descriptivo. Basta con mencionar que cuando esto sucede, uno se llena de orgullo. Se lo contaría a mis nietos pero iría preso por pedófilo y viejo degenerado.

Se levantó y caminó felinamente hacia mi. No podía dejar de mirarla: pendeja, hermosa y complaciente.

- Ahora te toca a vos papi. Ya hacía rato el toallón había volado quien sabe donde. - Date vuelta en la cama que te devuelvo el masaje.

Me eché de espaldas y allí noté que, lejos de bajar por el ejercicio, la panza se me había hinchado un poco más. Para más tortura, decidió que el masaje lo haría sentada en mi cintura. Estuvo dedicada a mi espalda y un poco al cuello, la verdad es que lo hacía bastante mal, pero aguanté sin chistar buscando calentarme para despertar al muñeco. Abierta de piernas como estaba, sentada casi en mis glúteos, comenzó a moverse adelante y atrás pasando la conchita mojada por mi espalda.

Seeeeeeeeeeeeeeeeeee, eso logró su cometido!!!! Se despertó el guerrero calvo! Pero estaba boca abajo aplastando el mástil, le pedí espacio y ahora si, a concretar.

A los tropezones busco un forro, me lo pongo y en cuatro patas se la puse de una sola vez. No hizo falta ninguna lubricación adicional.

- Matame papi, yo sabía que iba a ser así. Que ibas a ser un animal.

Yo la verdad que no. Ni pensé que iba a poder darle duro a una pendeja tan buena y para mejor, recibiendo su aliento. Estuve un buen rato con la cepillada, pero recordemos el asado.

En uno de los movimientos, bum! Me explota la cabeza. Pero no de excitación, de dolor. Parecía que se me partía. No hubo manera, me tiré en la cama agarrándome con las dos manos. No podía más. La pobre se pegó un susto de aquellos, se muere el viejo, habrá pensado.

Estuvimos un rato más pero el dolor no aflojaba. Nos vestimos y regresamos en el auto. Por dentro yo era todo confusión. Pensaba

- La cagué. Por más que ésta sea puta, con el susto que se pegó no me la cojo más.

Mientras manejaba la puntada seguía horadándome el cerebro. Paré en la esquina habitual cerca de su casa:

- Disculpame por esto. ¿ Puedo volver a llamarte alguna vez?

- Voy a estar esperando que me llames papi. Marita se quedó con ganas.

- ¿ Marita?

- Si, Marita es ésta. Y se pasó dos dedos por la raja, haciendo que la calza se marcara.

Con esa respuesta salió el sol. ¿ Cómo puedo tener tanta suerte de encontrar esta joya? Me dió un beso en la mejilla y se bajó del auto. Otra vez me quedé perdido en el repiqueteo de sus tacos y el movimiento de sus nalgas.

Llegué a casa y me tiré en una silla. Mis brujas estaban viendo una novela y me prestaron poca y nada atención. Me tomé la presión y estaba en cuatro mil ochocientos millones. Me clavé una pastilla y esta vez me fui a la cama con cara de ojete mal atendido.

Puto asado. Puto café. Puto todo.

Otra vez quedé caliente, pero tenía esperanzas. Por lo menos no me mandó al geriátrico a buscar la medicación. Me dí vuelta en la cama y caí en la oscuridad de la inconsciencia.

No me crees? Te juro por Dalma y por Gianina que fue así. Posta, posta.