Beso de puta - Mujer Luna Bella videos



A mi parecer, los besos en la boca son la forma más íntima de contacto entre una pareja y la que precisa de un mayor grado de complicidad.
Recuerdo a los novios que he tenido por los tiernos momentos que hemos compartido besándonos. Y los recuerdo con nostalgia. De todo hay que aprender en esta vida, también a besarse. Los primeros besos de la adolescencia suelen ser torpes por impetuosos y cuando crees que ya lo sabes todo del arte de besar, llega alguien que te da unas lecciones.
Hablando de los besos en la boca, me gustan por etapas. Adoro el momento en que nos miramos a los ojos y nos damos breves roces con los labios,  mejor si se está a la misma altura y de pie o sentados. Esas pinzas que hacemos con nuestros  labios abrazando uno de los labios del otro, humedeciéndolo, chupándolo, son de lo mejor. El fragor del beso va aumentando conforme avanza la excitación sexual pero me gusta que los besos sigan siendo sin mucho ímpetu, como a otro ritmo. Cerca del orgasmo suele ser el “todo vale” pero, aún así,  hay que darse pequeñas treguas con la mirada puesta en los inicios.
Hablando de los besos que no son boca con boca, me gustan todos. Los que me dan en el cuello, los hombros, la cara interna de los brazos y alrededor de los pezones me vuelven loca. Pero hay besos que por inesperados te producen un placer especial que te eriza el vello. Tuve un novio muy dormilón que le gustaba sorprenderme por las mañanas, cuando me encontraba leyendo o desayunando, con un beso en la mejilla. No me sorprendía porque no le viera venir sino porque seguía un ritual que aún perdura en mi memoria. Me abordaba lentamente por la espalda, me colocaba con dulzura el pelo suelto tras las orejas y me miraba el perfil de la cara, sin prisa, sin decir palabra. Yo seguía a lo mío, aparentando no prestarle atención. Pero todos mis sentidos esperaban con ansia ese beso “en cámara lenta” en la mejilla. Después me daba los buenos días y me recordaba lo guapa que le parecía. ¡Glorioso! ¿No me digan que no saben de qué les hablo?



Claro que todo esto no vale cuando trabajo, ¿o sí?
No acepto morreos de mis clientes. Como ya he dicho, ese tipo de besos me parece mucho más íntimo que cualquiera otra cosa. No sé, es posible que sea por nuestra cultura (en otras culturas la gente se saluda con un piquito) pero me reservo el derecho de admisión. Todo va en concordancia con el placer que recibo en la relación con el cliente. Si me gusta, soy la primera en besar, así de sencillo.
Lo más habitual es que permita los besos, con más o menos intensidad. Los clientes lo saben y lo asumen. También he de decir que lo demandan mucho con la razonable escusa de que se trata de prostitución de lujo y que la que les habla está de buen ver.
En definitiva, que el sexo entra por todos los sentidos y que los besos activan todas nuestras células receptoras.
¡A besarse!
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